Castillo de Gaucín y Sierra de Casares. www.serraniaderonda.com

LA GACETA DE GAUCÍN

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COLABORACIONES


Jorge Fuentelsaz Franganillo

INTERLUDIO*

   
Una anécdota es la más breve vanidad del devenir cotidiano. Es el segmento comprendido entre dos tijeretazos aplicados al suceder o varios retales tomados aquí y allá que bien montados adquieren incluso hasta sentido. Una anécdota es muchas veces por sí sola un cuento o si no, el barro primordial de los relatos a los que les falta el agua y el fuego. Después, ustedes, son los encargados de darles vida con su aliento de imaginación, para que las historias encuentren entre sus recuerdos las imágenes necesarias para tomar forma y por fin existir crecer y escaparse, que para eso han venido al mundo, o tal vez no.
Ahora les voy a contar tres cuentos breves, sin introducción. Así, uno tras otro, son casi todo barro, por eso les pido que si quieren aplaudir, algo que no solamente no me molesta  como pueden pensar algunos, sino que me gusta hasta el punto que creo que sin sus aplausos yo no estaría aquí. Pues eso, que si quieren aplaudan, sin complejos, sin miedo de romperse las manos si es el caso, aunque tampoco demasiado porque les advierto de que no es la primera vez que presa de la emoción me he arrancado a cantar canción ligera.

En alguna parte se enciende un mechero amenazante y empiezan a temblar la pequeñas hebras de tabaco. Una mano azarosa elige a uno de los veinte sentenciados y lo escolta con sus cinco guardianes desde su estrecha prisión al esponjoso patíbulo de los labios. La llama, llama al hambre voraz de los pulmones que se tragan el espeso llanto de las briznas de tabaco. Con pequeños golpes redoblados, caen algunos de los restos inertes a sus tumbas. Mientras, los filamentos que aún esperan, se agarran al aire con sus uñas que vemos incandescentes de tanto esfuerzo inútil por no caer en ese abismo de alvéolos.

Durante el discurso, el Presidente denunció las injusticias del enemigo contra el pueblo oprimido, llamó a las organizaciones internacionales de derechos humanos para que tomaran cartas en el asunto, se le quebró la voz pidiendo la liberación de los presos políticos, rogó con las manos ya temblorosas que permitieran a los periodistas ejercer su labor de manera libre e independiente, imploró que retornaran los derechos usurpados a sus legítimos dueños. La prensa internacional se hizo eco de sus palabras. El discurso lo dejó exhausto, agotado, sólo quería descansar y relajarse junto a su mujer y sus hijos, pero antes tenía que pasar por su despacho, para firmar un par de sentencias de muerte, por el bien de la república, la libertad y la democracia.

De noche, por la ventana de una habitación despierta entran los mosquitos buscando en una lámpara la luna. La bombilla, los arranca con ardor de su quimera. Los que no mueren de engaño, ni perecen en esa hoguera de vatios, descubren que tarde o temprano apagan a la luna y se quedan solos y a oscuras y en su huida hacia otras lejanas lunas de la calle, se encuentran con los cristales de un féretro por trampa. Encerrados, ciegos, llorando, sin luna,  junto a ese dios dormido que los engaña, los mosquitos van, sorbo a sorbo, noche tras noche, gota a gota en pequeñas venganzas, robándonos la vida.

APLAUSOS.
Canción ligera.
Arrepentimientos.
  
  * Jorge Fuentelsaz Franganillo es cuentacuentos, periodista, arabista y escritor, no sé muy bien en qué orden. En la actualidad realiza trabajos de lo segundo en la Agencia EFE, en El Cairo. "Interludio" forma parte de una colección de cuentos, aún sin título, o tal vez titulada "Algunas historias y otras cuantas que contar", con la que Jorge  hace una nueva incursión en la literatura escrita, él que proviene de la literatura oral. Bienvenido a La Gaceta de Gaucín y gracias por engrosar la nómina de sus colaboradores.
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