De príncipes y quijotes
En estas pasadas semanas en las que estuvo tan en boga el asunto de la cacería real con la desafortunada caída del monarca y la consiguiente salida a la luz pública de tales aficiones reales, y todos los jironcitos que le cuelgan, estaba yo enfrascado en pasar a romance los capítulos de la segunda parte del Quijote relativos al gobierno de la ínsula Barataria por parte de Sancho. La lectura de los consejos de don Quijote al futuro gobernador, las actuaciones de Sancho durante su gobierno y las reflexiones posteriores de ambos, me hicieron recapacitar sobre las influencias que un determinado tipo de lectura puede, o debería, tener sobre aquellos que quieren dedicarse a servir a sus conciudadanos asumiendo el poder recibido de estos o porque el privilegio sanguíneo se lo otorga. Me preguntaba si todos los que nos gobiernan, desde la más alta institución del estado hasta el último concejal del último pueblo de España, habrán tenido tiempo de leer con detenimiento esta parte del Quijote. Por otro lado, visto la actuación de muchos de ellos, sí me parecía evidente que si no habían leído el Príncipe de Maquiavelo, por lo menos habrían tomado nota a través de terceros de los consejos del escritor florentino. Constato que ambos libros escritos a caballo entre las edades Media y Moderna tienen una vigencia total en nuestros días, pues uno, el de Cervantes, nos dice cómo se debería de gobernar y el otro, el de Maquiavelo, nos muestra a las claras cómo se gobierna en realidad. Me voy a permitir la licencia de dejaros aquí algunas de las citas al respecto y recogidas en mi versión romanceada del Quijote, que me resultaban más fáciles de encontrar que en el original de Cervantes. A Maquiavelo y su Príncipe, lo podéis refrescar en Wikipedia en cualquier momento o mirando al patio político en el que nos movemos. Las citas corresponden a frases de don Quijote o Sancho en los capítulos 32, 41, 48, 49, 51, 55 y 57 de la 2ª parte del Caballero de la Triste Figura, mi particular versión del Quijote y a la que ya, por fin, me queda menos para verla concluida. |
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“Yo le aconsejaría, para utilidad de Sancho, que nunca tome cohecho ni pierda derecho en vano que al lado de otros consejos bien sabrá él aprovecharlos.”
“Descubre bien la verdad cuando el rico te dé dádivas, y muéstrate comprensivo cuando el pobre llore lágrimas, pero siempre procurando equilibrar la balanza. No cargues todo el rigor contra el que cometa falta que el juez por muy riguroso no posee mejor fama que otro que sea compasivo y en la justicia se ampara. Si acaso de la justicia tienes que doblar la vara sea en la misericordia antes que por una dádiva.”
“Bien gobernaré yo la ínsula de acuerdo con el derecho y nunca cometeré el más mínimo cohecho, por eso a todos les pido que permanezcan atentos que habrán de ver maravillas con el transcurrir del tiempo.”
“Ni derecho, ni cohecho hasta hoy se presentó, aunque muchos me dijeron que a todo gobernador le prestan o dan dineros al tomar la posesión.”
“Y un estudiante que vio cómo a Sancho lo sacaban dijo que de esa manera, descolorido y sin blanca, los malos gobernadores debían dejar su plaza. Y Sancho le respondió haciendo acopio de calma: |
−No llegarán a diez días, muchacho de lengua rápida, que me dieron el gobierno de la ínsula Barataria, en los cuales no comí de pan ni una media hogaza; me han perseguido los médicos, y enemigos que acechaban me han castigado los huesos de la cabeza a las plantas; no he cometido cohecho ni he recibido una paga. Hombre pone, Dios dispone, me enseñaron en mi casa; cual el tiempo, tal el tiento, es también verdad fundada, y que nadie nunca diga no beberé de esta agua, que donde esperas tocinos no hay tan siquiera ni estacas, y no digo nada más que Dios me entiende y me basta.”
“Y me place que el regalo nunca pueda ser tenido por lo que llaman cohecho pues se recibió el envío cuando yo ya gobernaba como es por todos sabido, que ya está puesto en razón que se muestra agradecido todo aquel que en su gobierno recibe algún beneficio, aunque fuese tan pequeño como una cosa de niños.”
“Pues a mitad de un banquete tan bueno y tan sazonado a mí me pareció siempre que no probaba bocado, ya que las obligaciones que conllevan los regalos son ataduras que impiden que tengas libres tus ánimos. ¡Venturoso a quien el cielo de pan le ha dado un pedazo sin tener que agradecerlo más que al Dios que se lo ha dado!” |
«Desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano». Nos dice Sancho al abandonar la isla y su gobierno. ¡Cuánto ganaríamos todos si nuestros gobernantes pudieran repetir esas mismas palabras al abandonar su actividad!
Teodoro R. Martín de Molina. 04 de mayo de 2012 |