Atardecer. Fotografía de Salvador Martín

LA GACETA DE GAUCÍN

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OPINIÓN

"NO TODOS SON IGUALES"
   
    Cuando aquellos que quieren denostar a determinados políticos y no cargar las tintas sobre los que son de su línea ideológica, suelen decir esa frase tan socorrida de “Todos son iguales”. Pues bien, yo me niego a creer que todos los políticos sean iguales y que todos se muevan por los mismos intereses. Y me niego no porque me apetezca, sino porque ya son muchas las vivencias en las que cualquiera que tenga un mínimo de rigor analítico puede darse cuenta de que no todos son iguales, ni que todos persiguen los mismos fines.
    Y si el refrán dice que “para muestra basta un botón”, yo me voy a permitir la licencia de dejar aquí una ensarta de dos botones y un corchete, sin nombre y apellidos pero perfectamente identificables, para que aquellos que, como antes decía, quieran analizar las situaciones con seriedad puedan constatar que en realidad dependiendo de su ideología los políticos son muy distintos.

    No es lo mismo el político que ante una sospecha de iniquidad en su gestión presenta la dimisión de su cargo, que aquel otro que estando imputado por graves delitos relacionados con su actuación se resiste a abandonarlo, e incluso va más allá y se ampara en él tratando de poner todas las trabas posibles para evitar que la justicia siga su curso. Y de estos, seguro, que todos conocemos a especimenes diversos, bien por los medios, bien en directo.
    No es igual aquel que sólo persigue el beneficio de los que están a su lado, de los que lo votan, de los que lo apoyan, de los que lo adulan y ensalzan con o sin motivo, que aquel otro que persigue el beneficio de la comunidad. Y aun más, no es lo mismo el que persigue el beneficio de aquellos de la comunidad que más tienen, que aquel que persigue el beneficio de los que más lo necesitan. Tampoco nos serán extraños.
    Y hoy, en un triste día en el que ETA comunica que puede volver a matar en cualquier momento, constatamos de nuevo que no son lo mismo aquellos que como única bandera electoral tienen al terrorismo de ETA y que pretenden que la banda sea la que imponga la agenda política y el calendario electoral; que esos otros que jamás hicieron uso del terror como método para conseguir votos en cualquier tipo de elecciones.
    No son lo mismo aquellos que para optar por la unidad contra el terror “exigen” que sólo sus tesis sean las válidas, que las del contrario no tiene validez, que el único paso posible es la rectificación de los demás porque la verdad está con ellos y sólo con ellos; que aquellos otros que en circunstancias parecidas dijeron sí a las propuestas del que detentaba el gobierno aunque para ello tuviesen que hacer de tripas corazón y tragarse un pacto antiterrorista en el que se acabó evitando la unidad de todos los demócratas o una infumable ley de partidos fabricada a la carta y que veremos cómo acaba cuando pase por Estrasburgo, aunque para entonces ya será demasiado tarde.
    No es igual el que ante un atentado, un comunicado o cualquier otra actuación de ETA, culpa de ello a los terroristas y presta su apoyo sin condiciones al gobierno; que éste que ante idéntica o parecida situación siempre culpabiliza al gobierno y busca el enfrentamiento con él, imponiendo sus condiciones para brindarle el apoyo.

 
    Y tras este último comunicado de la banda terrorista llego a la conclusión fatalista de que para que aquí se acabe el terror tienen que gobernar en España un determinado tipo de políticos, y si tiene que ser así lo aceptaré porque, con mi solo voto y mi humilde opinión, no puedo cambiar la situación, y me dolerá el alma en lo más profundo cuando el presidente del gobierno actual o algunos de sus ministros de nuevo tengan que escuchar increpaciones, como las que sufrieron Suárez o González, pero nunca Aznar, en el momento en el que, Dios no lo quiera, tengan que asistir al funeral de alguna nueva víctima de ETA, e incluso me dolerán los oídos porque no sería de extrañar que en algún momento del acto se vuelvan a oír las notas aquellas de la camisa nueva. Y eso ocurre porque tampoco todos los ciudadanos son iguales: donde unos ven una víctima del terror, otros ven un motivo de ataque al gobierno.
    No todos son iguales. No voy a decir si mejores o peores pero sí distintos, muy distintos en ocasiones, y que hacen que de verdad las elecciones sirvan para algo, porque si todos fuesen iguales ¿qué pintamos tú y yo depositando nuestros votos en las urnas?

Teodoro R. Martín de Molina. Junio, 2007



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