Atardecer. Fotografía de Salvador Martín

LA GACETA DE GAUCÍN

colaboraciones      narrativa     romances    mis alumnos   enlaces   libro visitas   contactar   inicio  presentación

OPINIÓN

"HOMENAJE"
     
    CARMEN Y CLEMENTINA CON JESÚS EN EL BALCÓN DEL HOTEL De nuevo he tenido la oportunidad de dar una vuelta por  Gaucín y, como en las últimas ocasiones y por suerte, ha sido con motivo grato y festivo. Se trataba del homenaje que la recién creada Asociación de Turismo de Gaucín le dedicaba al desaparecido Hotel Nacional u Hotel Inglés, en las personas de, Clementina Bautista –quien lo regentó durante toda su vida– y Carmen, su amiga y socia durante la última etapa.
    Se empeñaba Clementina en resaltar, durante su breve alocución de agradecimiento y en los comentarios con aquellos que nos acercábamos a felicitarla por tan merecido homenaje, que el mérito era de la casa y no de ellas. En verdad que su modestia no puede oscurecer lo que para todos los que hemos conocido el Hotel Nacional en sus distintas épocas, y aquellos que han investigado su historia, sabemos por propia experiencia o por lo que hemos oído y leído, que han sido las personas que lo han regentado las que han hecho de tan emblemática hospedería de Gaucín un lugar que no dejó indiferente a ninguno de los huéspedes de temporada o de ocasión que se alojaron en sus habitaciones o que degustaron las excelencias de su cocina. También la generalidad de los habitantes del pueblo tenía un indisimulado aprecio, por unos u otros motivos, por el hotel y sus responsables.
LOS INTERVINIENTES ULTIMAN DETALLES A LA PUERTA DEL HOTEL     No me toca a mí resaltar las excelencias del hotel y de quienes lo regentaron a lo largo de la historia, algo que hicieron magníficamente en sus parlamentos Jesús, presidente de la recién nacida asociación de turismo, Teodoro de Molina, alcalde del pueblo en representación de la corporación municipal y de los vecinos, y mi hermano Salvador, autor de los versos que aparecen en la placa conmemorativa que se descubrió en la fachada,  donde se recogen en esencia la historia y el espíritu del lugar y de las personas que juntas dieron vida al Hotel Nacional.
    Personalmente, quiero referirme en estos breves párrafos a los recuerdos que me trae el “Hotel” –así, con nombre propio, sin apellidos, que era como lo conocíamos la mayoría de los gaucineños distinguiéndolo del resto de hospedajes que eran fondas, pensiones o posadas–, y que se concretan en las  dos épocas de mi vida que transcurrieron en Gaucín.
    Durante mi infancia a causa de que mi primo Martín Martín, que vivía en Marruecos, se hospedaba en el Hotel en sus vacaciones estivales, no eran pocas las ocasiones en que acudíamos allí por diferentes motivos. Siempre, Clementina nos atendía admirablemente y, acorde con nuestra edad, tenía para nosotros el picatoste con azúcar si era durante el desayuno cuando nos acercábamos a ver al primo, o la exquisita golosina, que como obsequio le solían dejar los llanitos que tanto frecuentaban el Hotel, si la hora de la visita era otra. Era el momento en el que nos cruzábamos con esos otros huéspedes por los que sentíamos tantísima curiosidad y a los que dentro del hotel procurábamos no importunarlos con nuestro repetitivo “money, money”, algo que no nos hubiese perdonado Clementina, pero que en cuanto los veíamos por las calles, todos los niños en procesión rogatoria seguíamos hasta el cansancio.
SALVADOR RECORRE LA HISTORIA DEL HOTEL FLANQUEADO POR LAS HOMENAJEADAS     Durante los primeros años de mi juventud, para mí como para otros muchos jóvenes, y no tan jóvenes, que manteníamos amistad con los sobrinos de Clemen o con ella misma, el hotel era punto inexcusable de visita, parada y fonda, sobre todo durante las largas tardes de los por entonces fríos y lluviosos inviernos de Gaucín. Cuando todavía no habíamos caído subyugados por el influjo de la televisión, muchos preferíamos el rato de conversación en la habitación reservada de los dueños con algunos de los jóvenes y eruditos huéspedes, Clemen, sus sobrinos y otros amigos que allí nos dábamos cita. En ocasiones las conversaciones derivaban en interminables e inofensivas partidas de cartas u otros juegos de reunión que se estilaban por la época. Si era día festivo, tampoco era extraño que se arrinconara la mesa del hall para dar paso a las melodías que surgían del “pikú” sobre el que Angelines iba colocando los discos de vinilo con lo más en boga de la música de los sesenta. No dejaba de ser sorprendente la mezcla de generaciones que en ocasiones coincidíamos en dichas reuniones sin que la diferencia de edades supusiera merma alguna en el sano divertimento de los concurrentes.
    Estos recuerdos, como la mayoría de los que dejan huella, van relacionados con las actitudes y los valores de las personas, independientemente del lugar concreto en el que se desarrollaron; aunque, inevitablemente, el espacio físico tampoco puede dejar de formar parte de nuestra memoria. Y aquí, en el Hotel y en quienes los regentaron y trabajaron en él, desde Pedro Real hasta Clementina y Carmen, se concitan ambos elementos para que nuestra mente se recree con sus recuerdos y coincida con los promotores, gaucineños y foráneos, que han tenido la brillante idea de rendir este merecido homenaje a lo que el Hotel –el Hotel Inglés o Nacional, como queramos llamarlo–, ha representado en la vida de nuestro pueblo.
<<ver más fotos y leer la intervención de Salvador>>
    Teodoro R. Martín de Molina. Enero de 2008

VOLVER A "OPINIÓN"